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El reconocimiento de un hijo es irrevocable.
Las juezas de la Sala Segunda de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial, Hebe Samsón y Verónica Gómez Naar confirmaron un fallo de primera instancia que declaró abstracta la reclamación de filiación paterna por el reconocimiento voluntario efectuado por el padre de un niño.

También confirmaron la condena de pagar ocho mil novecientos pesos, en concepto de reparación de daño moral causado a su hijo. En este caso de filiación, el padre pretendió la nulidad del reconocimiento de su hijo y cuestionó la condena por daño moral causado por la falta de dicho reconocimiento previo, pero las juezas de alzada confirmaron el carácter irrevocable del acto. Dijeron que el “reconocimiento efectuado por el demandado en sede judicial, que no requiere fórmulas sacramentales, reviste carácter irrevocable, de conformidad con la normativa legal”. En consecuencia, el hombre no puede pretender su declaración de nulidad, esgrimiendo vicios procesales que fueron convalidados, sin invocar un vicio en la voluntad. Es que reconocerlo y luego pretender que la justicia ampare su arrepentimiento violenta el derecho de identidad del niño. El hombre cuestionó el primer fallo al considerar que surgió de un acto de reconocimiento nulo y de nulidad absoluta e insalvable, porque intervino en la audiencia sin asesoramiento ni compañía de abogado y sin la participación de la asesora de menores. Según el hombre, en esas condiciones, manifestó que reconoció al niño como su hijo, pero luego insistió en que el reconocimiento no fue voluntario por estar viciada la voluntad y pidió que se revoque la sentencia por nulidad de la audiencia de reconocimiento y de todos los actos dictados en consecuencia. También intentó que se desestime la acción de filiación por no existir elemento de prueba que acredite que el menor es su hijo, porque la prueba de ADN ofrecida por la madre, nunca fue realizada.

Pero Samsón y Gómez Naar recordaron en su fallo que el reconocimiento de la filiación es un acto jurídico familiar voluntario y unilateral, que tiene como fin emplazar al hijo en el vínculo adecuado a su realidad biológica. Por ello, quien reconoció válidamente, no puede luego desconocer o revocar dicho acto y, por ende, para atacarlo deberá acreditar que tal reconocimiento estuvo afectado de un vicio de la voluntad. Y precisaron que el Código Civil y Comercial de la Nación veda expresamente tal posibilidad, al establecer que “el reconocimiento es irrevocable”. En el mismo sentido, la jurisprudencia nacional tiene dicho que las normas atinentes al estado de familia son de orden público y como tal, imperativas por existir un interés superior. Y que tratándose de la determinación del estado filial, cabe proceder de oficio pues se está ante derechos indisponibles, que la voluntad de las partes no pueden derogar o modificar. Entonces, operado el reconocimiento el juez debe remitir la documentación para la inscripción y así, dar cumplimiento acabado al interés superior del niño. También sostuvieron que “a la luz de tales premisas, el planteo formulado por el apelante no resiste el menor análisis, ya que lejos de invocar un vicio de la voluntad, pretende que se declare la nulidad del reconocimiento esgrimiendo argumentos -vicios procesales- que en modo alguno pueden conmover su validez”. Destacaron que permanece incólume el derecho del menor a la búsqueda de su verdadera identidad biológica, que, por su naturaleza, es irrenunciable e imprescriptible; y que el padre, con su comportamiento, violenta el derecho a la identidad del niño, al reconocerlo y ahora pretender que la justicia ampare su arrepentimiento. Por lo demás, advirtieron las juezas que los vicios procesales atribuidos a la audiencia en la que el hombre concretó el reconocimiento cuestionado, fueron convalidados. Es que en la causa consta que fue debidamente notificado de que debía comparecer a la audiencia fijada con su letrado, pero no lo hizo. A su vez, el Asesor de Incapaces consintió el acto procesal. Por otra parte y sobre el daño moral causado por la falta de reconocimiento, las magistradas de alzada recordaron que la falta de reconocimiento de la paternidad extramatrimonial da derecho al menor a ser indemnizado por el daño moral causado. Y que dicho daño se presume y no requiere prueba al haber lesionado un derecho personalísimo derivado del incumplimiento de una obligación legal que se origina en el derecho que tiene el hijo de ser reconocido por su progenitor, pues es obvio que la falta del padre provoca dolor. Y sobre el monto a pagar, y teniendo en cuenta las circunstancias fácticas que rodean el caso y la edad del menor al momento de su reconocimiento, dijeron que la suma estimada por la jueza de primera instancia resultó prudente y equitativa. Resaltaron la difícil valoración cuántica del daño moral reclamado, pero confirmaron la suma. La falta de reconocimiento de un hijo extramatrimonial configura una conducta antijurídica ya que admitir la paternidad no es meramente facultativo sino que conforma un deber jurídico cuya violación causa un daño indemnizable. La reparación del daño causado está expresamente prevista en el Código Civil y Comercial de la Nación. En consecuencia, siendo que el padre sabía o tenía la posibilidad de saber de la paternidad que se le atribuye, pese a tratarse de un acto voluntario, la falta de reconocimiento oportuno, constituye un obrar ilícito y el factor de atribución de la responsabilidad, configurado por la culpa (negligencia), aparece acreditado. Sentenciaron que, en definitiva, no caben dudas que medió agravio moral al haberse lesionado derechos personalísimos: concretamente el derecho a la identidad personal, el estado de familia y en especial el estado de hijo.

Fuente: Poder Judicial Salta

Fecha: 08/02/2019 - Región: Salta
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